Seguidores

Diario de Arancha - Capítulo 5: Una nueva luz en un oscuro túnel

Author: *_KLARY_* /

NOTA DE LA AUTORÍA: De nuevo, me disculpo por tardar tanto tiempo. Me faltan escasos días para examinarme de las recuperaciones y, en caso de aprobar, después de la selectividad. Por tanto, lo más probable es que no ponga nuevo capítulo hasta mediados de septiembre o así. Siento las molestias, y espero que disfrutéis con el capítulo. KLARY.

*****
12 de septiembre de 1996

Hoy han empezado de nuevo las clases. Y, por tanto, un nuevo curso. No tenía ninguna gana de levantarme de la cama sabiendo que lo tendría que volver a ver. Mi madre, para mi desgracia, me ha echado, literalmente hablando, de ella.

- Me encuentro mal – dije, sin mentir del todo.
- ¿Justo el primer día de clase? ¡Qué curioso! Vamos, seguro que Sergio te estará esperando en la puerta.

No le había contado nada a mi madre acerca de lo ocurrido. Pero creo que ella se imaginaba algo, pues no había vuelto por casa, ni yo a la suya, y mi reacción al escuchar esas palabras lo confirmaron todo.

- Hija. ¿Ha pasado algo? ¿Os habéis peleado Sergio y tú?
- Algo así. En realidad ya no nos hablamos.

Me costó, y me cuesta aun, pronunciar esas palabras. Llevaba varios días intentando hacerme a la idea, pero sin conseguirlo. Nada más confesárselo esta mañana a mi madre, rompí a llorar.

- ¡Pero cielo! ¿Qué ha pasado? Si erais muy amigos...
- Ha cambiado mamá. Ya no es el mismo. Ahora prefiere pasar más tiempo con otro amiguito suyo que conmigo.
- ¿Y eso por qué, si puede saberse? Después de todo lo que habéis vivido juntos. Casi te conoce él mejor que yo.
- Lo sé mamá. Pregúntaselo a él. ¿Y ahora qué hago yo?
- Bueno – me dijo ella tiernamente -, no debes perder la esperanza. Seguro que él se siente igual de mal que tú o peor. De todos modos ya hablaré yo con su madre. Entre tanto, podrías empezar por vestirte y recoger tus libros, hoy es un nuevo día y un nuevo curso empieza, en el que seguro conoces a gente nueva. ¡Arriba señorita!

Sin mucha gana, me levanté y hice lo que me ordenaba. ¡No me he librado, no!
Pero, querido diario, hoy he descubierto que las desgracias nunca vienen solas. En mitad de un túnel en el que parece no haber luz, puedes encontrar otra salida. Y, en mi caso, esa salida se llama John.

Empezaré desde el principio.
Como he dicho ya, me levanté y me preparé sin ganas. Sabía que iba a ver a la misma clase de siempre, a los mismos profesores de siempre, al mismo tutor de siempre, que me sentaría en el mismo lugar de siempre y que a mi lado se sentaría... el de siempre. Sí, Sergio. Y quisiera o no tenía que ser así, pues nos sentábamos por orden de lista y esa fue otra de las raíces por las que con el paso de los años congeniamos cada vez más.
Así ha sido. Pero con una diferencia: alguien nuevo se ha incorporado a la clase.

Vino concretamente en la hora después del recreo. Como siempre, el primer día es discursito en el salón de actos, el horario y después cada profesor nos explica un poco como va a ser el año. El recreo, visto lo visto, lo iba a pasar sola. Las dos amigas que tenía, las mismas que me acompañaron al parque de atracciones no habían podido ir, una porque tenía revisión médica y la otra porque estaba de vacaciones con sus padres y abuelos. No nos miramos ninguno al otro ni en el inicio de las clases, le sentí sentarse a mi lado pero no me digné ni a saludarle. No iba a ser yo la que me arrastrara, ni hablar.

Así es que, sin mediar palabra, salí a la hora del almuerzo a la cafetería a comprarme algo, y luego fui dando un paseo por los alrededores. Me senté detrás del edificio principal, donde se encontraba el gimnasio y las pistas de baloncesto y fútbol. No solía haber mucha gente por ahí, así que me senté sobre un trozo de hierba a comer tranquilamente mientras pensaba en si debía o no hablar con él.
- Perdona
¡Qué susto me di! El trozo de pan que quedaba en mis manos se me resbaló del sobresalto.

- Lo siento, no pretendía asustarte.

Levanté la vista y le vi. Un chico alto, moreno y con unos ojos tan negros como el carbón. Dios, me quedé petrificada mirándolo, y él me observaba extrañado.

- ¿Hola?
- Eh.. hola. Perdona. – dije mientras me levantaba. Tenía además una voz preciosa, parecía casi un adulto, debía de tener dieciocho o diecinueve años.
- Me llamo John. Soy nuevo aquí, y no sé donde tengo que ir...
- Ehm, claro. Bueno yo-yo soy Arancha – debió de pensar que qué niña tan tonta - ¿A qué clase vas? Puedo ayudarte a buscarla.
- 1º B
- ¿De bachillerato? Creo que no hay clase B.
- ¿Tan mayor me ves? – dijo riéndose – ¡sólo tengo trece años!

¿QUÉ? Diario, si pudieras hablar seguramente me dirías que como puedo echarle a un chaval de mi edad dieciocho, pero te lo juro que parece que tenga mucho más.
Cuando dijo eso, me percaté de algo.

- 1ºB es mi clase... ¿Entonces irás conmigo a clase? – no sé por qué me entusiasmé con tanta facilidad.
- Pues... eso parece- me sonrió - ¿vamos? Creo que están tocando el timbre.
- ¡Claro!

Así me dirigí con el nuevo. Todas las chicas de mi clase se quedaban embobadas mirándolo, e incluso los chicos lo miraban entre admirados y recelosos. Vi el gesto de Sergio al verme aparecer con él, y por su mirada no le hacía mucha gracia. Más cuando el nuevo intento ponerse en su sitio, pues Sergio había colocado sus cosas al lado de su amiguito. En otras circunstancias, le hubiera llamado la atención, pero en esas no podía estar más feliz. Sin embargo, él al ver que iba a ocupar su sitio, se levantó de su pupitre y se dirigió al nuevo.

- Perdona. Aquí me siento yo.
- Pues está libre.
- No. Me siento yo.
- Creo que ya no – le contradijo John al ocupar su silla.

El tutor entraba en el aula en ese momento y al ver la escena dijo:
- Vaya, vaya. Así que un nuevo ¿eh? Creo que ya son mayorcitos como para colocarlos por orden de lista, siéntense a partir de ahora como quieran. Pero si percibo algún síntoma de mala actitud o algo por el estilo, volverán a sentarse como estaban.

Toda la clase aplaudió ante la iniciativa, y de este modo Sergio se colocó detrás de mí con su amigo Adrián, y John conmigo, empezando a conocernos mejor.
Mañana he quedado con él después de las clases para enseñarle un poco la ciudad.
Me sigue afectando lo de Sergio, pero me venía bien un nuevo amigo. Y quien sabe, quizás los sentimientos que coseché hacia él los empiece a tener ahora con el chico nuevo de los ojos carbones.
Te iré escribiendo según vayan transcurriendo los hechos.

ARANCHA.

Diario de Arancha. Capítulo 4: El fin de una amistad

Author: *_KLARY_* /

NOTA DE LA AUTORÍA: Perdón por no haber publicado algo desde hace tiempo, he estado muy liada y ocupada con los exámenes, pero al fin me encuentro de vacaciones. Espero aprovechar este verano, pese a tener que seguir estudiando para septiembre, para hacer lo que más me gusta: ESCRIBIR. Arancha aun tiene muchas cosas que contarnos y que relatar en su diario, su vida dará un giro inesperado, poco a poco podremos ir viendo como crece y madura, y cómo comienza a ver las cosas de otra manera a como las ve ahora. Espero que disfruten todos los que por aquí se pasan con este capítulo, y con los posteriores. Un saludo. KLARY

___________

4 de septiembre de 1996

He abierto los ojos. Me hallo aquí, tumbada en mi cama, sin ganas de incorporarme, sin ganas de nada. ¿Ha sido un mal sueño, una extraña pesadilla?... Me temo que no.

Ayer me presenté en su casa. Me abrió él, y al verme se sorprendió.
- Arancha – dijo -, ¿qué haces tú aquí?
- Venía de visita, ¿podemos hablar?
- Bueno, es que ahora no sé si es buen momento.
- ¿Por qué? – pregunté extrañada
- Bueno, hay invitados y...
- ¡Vamos Sergio! – le corté – Tu familia ya me conoce de sobra.

Y sin decir más me auto invité yo sola, entrando en su casa. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme a su nuevo amiguito, si, Adrián...
- Ah. Hola.
- Hola – me saludó

Estaban jugando al ajedrez, cosa que jamás había hecho conmigo... y ni siquiera me había llamado.
- Creo que ya os conocéis, pero por si acaso: Arancha, Adrián. Adrián, Arancha.
- Encantada – dije secamente-. Sergio, ¿podemos hablar? A solas, si no te importa.
- Claro, ahora vengo.
De este modo nos dirigimos hacia el porche y él cerró la puerta del salón para que el invitado no nos oyera.
- Así que ahora te gusta pasar más tiempo con él que con tu mejor amiga.
- Arancha...
- No, no, si me lo has dejado muy claro. Ya pasas de mí, no me llamas, llevamos sin hablar muchas horas y parece que ni siquiera te importa. Ahora te importa más estar con tu nuevo amiguito, que por cierto, no sabe nada de ti ni te conoce tan bien como yo.
- ¿Sabes? Me parece que estás un poco paranoica. No todo se tiene que limitar a ti y a mí, ¿qué mal hay en echarnos un amigo nuevo? También puede ser tuyo, Adri es muy buena persona.
- Quizás no me hubiese importado conocerlo, quizás estaría dispuesta a hacerlo si tú me hubieras invitado, pero ni siquiera eso. Y no son paranoias.
- Bueno, me llamó para dar una vuelta esta tarde y después vinimos aquí.
- Lo estás arreglando.
- Oye, ¿qué pasa? ¿qué tenemos que estar todo el día pegados como lapas? Tú también puedes quedar con tus amigas, jugar con ellas a las Barbies o a las cocinitas, o reunirte con ellas para hablar de los chicos guapos del colegio. Yo no te lo voy a impedir, ni me voy a molestar por eso, al contrario que tú.
- ¿Qué diablos me estás diciendo? ¿Me estás llamando niñata acaso o algo parecido?
- Bueno, personalmente pienso que tienes una actitud muy infantil, y me lo estás demostrando ahora enfadándote por esta chorrada.
- ¿Sabes? No sé qué narices te ha pasado, pero hasta hace nada yo siempre contaba contigo para todo y tú conmigo. De verdad, que estoy alucinando, ¿dónde está mi mejor amigo?
- Quizás nunca ha existido. Quizás me has tenido idealizado, ¿sabes una cosa? Es hora de que te enteres de algo: muchas veces me he aburrido estando contigo, me aburría hacer las mismas cosas siempre, siempre hemos hecho lo que tú has querido y jamás me has preguntado si me parecía bien esto o lo otro. Y ya me cansé de esto. Adri ha aparecido en el momento en que necesitaba que alguien me escuchara, llevaba tiempo esperando a que un día fueses tú la que lo hiciera, pero ese día nunca llegaba Arancha. Quizás es hora de acabar con esto, creo que es mejor que tú andes por tu lado y yo vaya por el mío, porque está claro que no somos muy compatibles.
Todas esas palabras me fueron aplastando el alma, una por una. Tenía ganas de pegarle, de llorar, pero no tenía fuerzas en ese momento.
- Quizás tengas razón. Esta amistad se ha acabado – dije derrotada -. Espero que te vaya muy bien en la vida, y que seas muy feliz. Y por favor no me llames nunca más.

Y, agotada, salí de aquella casa para siempre. Mientras corría hacia la mía con los ojos cerrados, aguantando mis lágrimas para que no me viera. Y, muy ingenua de mí, deseaba mirar atrás y ver que me seguía y me detuviera y me dijera que me quería y que se arrepentía de haber dicho lo anterior. Una ilusión que, por desgracia, no ocurrió.

Y aquí estoy, escribiendo estas funestas palabras tumbada en la cama, mientras al mismo tiempo lleno las delicadas páginas de lágrimas... Tengo mi móvil al lado. Estoy esperando su llamada. Pero creo que no va a volver a llamar...

Mañana comenzará otro día, seguramente con sol y caluroso, pues aun dura el verano. Pero a mí eso ya no me sirve ni de consuelo ni de motivo para sonreír por muy azul que esté pintado el cielo... Lo siento, en estos momentos me salen cursilerías, pero no lo puedo evitar. Otra vez se me están inundando los ojos.

Me voy a dormir, o por lo menos, a intentarlo. Espero despertar y que este día haya sido tan solo una horrible pesadilla... Y que él esté a
mi lado.

Diario de Arancha. Capítuo 3: Cumpleaños ¿feliz?

Author: *_KLARY_* /

3 de septiembre de 1996

¡Santo Dios! Ya pensé que se me iba a caducar el diario de tanto que no escribo…
Se que ha sido casi un mes en silencio. Y no te creas que es porque no haya habido novedades, que las ha habido, y muchas. Tantas, que ni sé por donde empezar.


Verás.

El pasado treinta y uno de agosto, Sergio y yo cumplimos doce años. Sí, es otra de las razones por las que “estamos”- no estoy muy segura de utilizar el presente, más abajo explicaré por qué- tan unidos… Nacimos el mismo día del mismo año. Los días previos a la fecha, estuvimos mirando lugares donde celebrarlo. Generalmente, lo hacemos un año en su casa, otro año en la mía. Pero este año no queríamos repetir, nos apetecía hacer algo nuevo, así que maquinamos un viaje.

Un viaje que ha sido en parte bueno, y en gran parte malo.

Nos costó convencer a nuestros padres, pero al final lo hicimos. Eso sí, tuvo que acompañarnos Toni, el hermano mayor de Sergio. No me hizo ni pizca de gracia cuando me enteré, pues ese tío es más chulo que un ocho, la verdad, y nunca lo he aguantado, cosa que guardo en mi cajita de secretos bajo llave, pues no quiero que Sergio lo sepa, aunque sé que algo sospecha.

Pero bueno, el caso es que, una vez superada la parte más difícil – la de convencer a nuestros padres-, hicimos las maletas y nos fuimos todos al parque de atracciones de la Casa de Campo de Madrid. Siempre habíamos querido ir y por el colegio a los profesores no es que les hiciera mucha gracia. ¿Y qué mejor oportunidad que esta?

Sabíamos que estaba algo lejos de casa, y unos niños allí solos con todo el gentío no era plan, de ahí la riña de nuestros padres y madres. Pero cuando Toni se ofreció voluntario, todo se calmó y ya no hubo ninguna protesta.
Así que partimos a las seis de la mañana. Nunca antes había madrugado tanto en mi vida, y me costó un gran esfuerzo ya que yo soy muy de dormir.


Tardamos cinco horas en llegar, por lo que a las once ya estábamos en la capital.
Íbamos a pasar el día entero allí, así que cada uno llevamos una gran mochila con tres o cuatro bocadillos, botellas de agua y alguna que otra provisión como pipas, pistachos, golosinas, bolsas…


Éramos quince personas en total. Habíamos invitado a nuestros amigos de siempre y a algunos más de clase con los que apenas habíamos hablado un par de veces, pero fue idea de Sergio el utilizar nuestro cumpleaños como excusa para conocerlos más a fondo.

Una vez que llegamos al parque, corrimos como locos en estampida por ver dónde nos montábamos primero….

- ¡No os alejéis demasiado, chicos! – gritó Toni – Yo estaré por aquí… conociendo a gente… y a chicas, ¡hola guapa!

Baboso…

En fin, yo junto con dos amigas y otras tres chicas de clase – de las más pijas, por cierto – nos fuimos a montar a la Lanzadera…

- ¡Ay no, ahí no! – protestó una – Me voy a despeinar…
- Y además va muy rápido eso – comentaba otra
- Sí, no mola… - decía la última
- Bueno chicas, pues si no queréis montar esperar aquí, porque nosotras no pensamos perdérnoslo y lo queremos probar – se encaró Sheila, una de mis amigas y una especie de hermanita para mí -. Además, es el cumple de Arancha, y hoy elige ella. ¡Vamos nenas!


Lucía, mi otra amiga, Sheila y yo no dudamos y nos montamos ansiosas por probarlo. Como ya te imaginarás, tuvo que ser en la lanzadera infantil, pues en la otra no nos dejaban, era para mas mayores…
Gritamos pero disfrutando de las subidas y bajadas, mientras observábamos como las otras gritaban del susto que se pegaban…


Mientras tanto, los chicos disfrutaban de lo lindo en El Torneo, una atracción de mini-coches para ver quién manejaba mejor el volante y de paso aprovechar para golpearse unos a otros.

Estuvimos esperándolos hasta que acabaron la partida, y decidimos todos juntos – exceptuando al trío de las “no, que me despeino” – ir a mojarnos y reírnos un rato en los rápidos. Te aseguro que ¡adoro esa atracción!


Montamos siete por barca.
Y lo que parecía un gran pasatiempo, al final se convirtió en uno malo.


Yo iba a montar con Sergio, a su lado. Pero él decidió ir sentado al lado de un compañero de clase, un tal Adrián, con el que parece que ha congeniado muy bien últimamente desde ese día…

En principio no me importó para nada.

Pero es que después de los rápidos, empezaron a ir por su cuenta- sin decir nada ni contar con nadie- a montarse juntos en todo lo que veían, por proposición del nuevo, y había atracciones en los que no me hacía ni pizca de gracia que se montara, ya que parecían – y de hecho, lo son- muy peligrosas.

- ¡Vamos Arancha! No soy un miedica, y estamos probando cosas nuevas.
- Sergio, eres un niño, hay cosas en las que no te puedes montar.
- ¡No me hables como si fueras mi madre! Tú no eres quién para prohibirme nada. Si acaso mi hermano, y ese está por ahí siguiendo a todo lo que se mueve.
- ¡Oye! Lo hago por ti, porque me preocupo, ¿vale?
- ¡Pues no te preocupes tanto! Yo no te lo he pedido. Además, que cumplamos años el mismo día no quiere decir que tengamos que estar pegados como lapas, yo voy a divertirme con mi nuevo amigo, y tú puedes ir por tu lado con tus amiguitas y las pijas esas…
- ¿Ah si? Pues muy bien. Que lo paséis genial tu nuevo amiguito y tú, pero si te pasa algo no me llames.
- Tranquila, no lo haré.


Fue la primera vez en estos doce años de vida que hemos discutido.
Durante todo el viaje de vuelta, no nos miramos ni a la cara. Todo el mundo había flipado, y todos habían puesto de su parte para intentar reconciliarnos, pero nada surtió efecto.
De modo que lo que empezó como un gran y maravilloso día se convirtió en uno de los peores que he tenido.


Ya llevamos cuatro días sin hablarnos, y la carga de conciencia apenas me deja dormir. He perdido la cuenta de las veces que he llorado. Le intento llamar, pero no me lo coge.

Sinceramente, no sé cómo ha podido pasar esto ni por qué… Solo sé que necesito volver a verlo y aclarar las cosas. Quiero recuperar a mi mejor amigo.

Se me ocurre ir a visitarlo, pero… ¿me abrirá la puerta? He estado un rato pensando. Creo que el no ya lo tengo, por intentarlo no pierdo nada.

Mañana te cuento, o en todo caso, te escribo.

Arancha.

Diario de Arancha. Capítulo 2: Un atardecer significativo

Author: *_KLARY_* /

11 de agosto, 1996


Ayer Sergio tocó mi timbre a las nueve de la mañana… ¡casi le mato! ¿A quién se le ocurre ir de visita a esas horas si no están despiertos ni mis padres? Encima claro, me pilla con mi mejor “look” mañanero y mi mejor pijama de gala – percíbase la ironía-.

- ¡Vamos, monstruito! – Le odié en ese momento- Vístete que nos vamos de camping.
- ¿No podías haber venido un poquito más tarde…? No sé… ¿a eso de las doce por ejemplo? – se lo dije con sorna, evidentemente
- Hay que ir temprano o no pillaremos sitio. El lugar al que vamos está muy solicitado, así que vamos que nos lleva mi padre. Te espero en el coche.

No me dejó ni protestar…

Subí a mi cuarto, me puse lo primero que pille, me lavé, me puse las lentillas y tras hacerme un recogido salí despidiéndome de mis padres y avisándoles de que no sé cuándo llegaría, pero que no se preocuparan, aunque sabía de antemano que no lo harían. Sergio es de confianza y además tienen una muy buena y estrecha relación con sus padres.

Nada más subir, me puso una venda en los ojos.

- ¿Qué haces? – pregunté, totalmente desconcertada.
- Es sorpresa, ¿recuerdas?

No, si cuando quiere puede llegar a ser todo lo malévolo que le plazca…

Estuve todo el camino preguntándole hacia dónde nos dirigíamos, pero no me quiso soltar prenda. No estoy segura, pero, pese a no ver, pude percibir perfectamente una mirada de complicidad entre él y su padre.
No sé cuánto duraría el trayecto, pero una cosa tengo clara: se me hizo eterno.
Aun cuando llegamos no me dejó quitar la venda.

- Espera, espera. Aun no.

Me cogió la mano y comenzó a guiarme. Bajamos del coche, nos despidió su padre y él y yo empezamos a caminar. Tuve que agarrarme fuerte a él en varias ocasiones pues el camino por el que íbamos estaba recubierto de baches y piedras.

- ¿Dónde narices estamos? – dije ya impaciente.
- Quítate la venta.

No tardé ni cero coma en hacerlo. Lo que vi me dejó realmente asombrada.

Estábamos en una especie de descampado, un parque enorme en su momento cumbre, recubierto de flores de todo tipo y con la hierba más verde que había visto en mi vida. Habíamos subido una especie de cuesta y ante nosotros se alzaba una vista maravillosa que se dirigía hacia las montañas. Daba la impresión de estar más cerca de lo que realmente estaban. Se veía con gran claridad la nieve que cubría sus puntas. A lo alto el sol dirigiendo sus rayos de luz por todo el terreno. Era fascinante.

- ¿Qué te parece?
- Sergio, esto es increíble. ¿Dónde estamos?
- En un lugar que no conoce mucha gente, pero los que lo conocen vienen aquí a menudo. Se encuentra a las afueras de la ciudad, es un bonito sitio para los enamorados.

Me quedé helada. No supe cómo reaccionar ante ese comentario. Él pareció leer mi pensamiento y rectificó enseguida.

- Quiero decir, que las parejas suelen venir aquí para los aniversarios, las lunas de miel… pero no solo ellos. También puede venir más gente. Amigos, como tú y yo, para pasar un buen día, por ejemplo.

Le asentí sonriendo, pero en el fondo noté algo extraño, y creo que no fue nada bueno.

- Bueno, ¡vamos a comer! He traído bocadillos, y provisiones para todo el día. También pinturas y un par de ‘blocks’ para dibujar. Mi padre me avisará cuando sea la hora de irnos. Pero creo que habrá tiempo para que podamos ver el atardecer, él ha estado más veces aquí con mi madre, y dice que es toda una belleza, digna de experimentar.
- Que sabio tu padre.
- Es un romanticón.
- Lástima que no hayas salido a él – dije para picarle, aunque creo que en verdad lo dije como reproche.
- ¡Eh! Yo soy muy romántico.
- ¿De veras? – me interesé
- Lo que pasa es que aun no tengo a nadie con quien demostrarlo.

En ese momento sí que sentí unas ganas irrefrenables de llorar… Esto no puede ser sano. ¿Estoy realmente enamorada? Dios, me gustaría contar lo que estoy pasando a alguien, pero mis amigas creo que no lo van a entender, para ellas el amor aun es una fantasía, y con mi madre… en fin, sé que me va a decir que aun soy demasiado joven para esas cosas, así que mejor ni intentarlo. Qué bien me viene escribir estas líneas, creo que si no fuera por este regalo que él mismo me hizo, me estaría volviendo loca…

No puedo acabar estas páginas sin mencionar que si, realmente el atardecer fue espectacular. De lo mejor que he visto nunca, una vista preciosa. Creo que el día de ayer ha sido uno de los mejores días de mi vida, sino el mejor. Pero también el más triste.

Arancha.

Diario de Arancha. Capítulo 1: Comenzando un diario

Author: *_KLARY_* /

9 de agosto de 1996

Hasta ahora, jamás se me había pasado por la cabeza escribir un diario. Nunca lo había probado, ni siquiera pensado, y muchos menos me había planteado escribir sobre mi vida, sobre lo que hago, sobre mis pensamientos… No lo había hecho hasta hoy. Y creo que no lo habría hecho jamás si no me lo hubiera regalado la persona que me lo ha regalado. Sergio. Mi mejor amigo. Nos conocemos desde parvulitos, siempre hemos ido juntos a clase en primaria. Al principio no nos soportábamos, nos llevábamos a matar. Pero creo que se debía a que, en el fondo, desde la primera vez que nuestras vistas se cruzaron, nos compenetramos tan bien que era imposible asimilarlo. Ya se sabe: la confianza da asco.

Pero con el tiempo, nos hicimos inseparables. Cuando no estábamos juntos, no tardábamos uno o el otro en coger el teléfono y llamarnos para quedar y dar una vuelta, hacer los deberes juntos… lo que sea. Y ello sin haber pasado una hora desde que nos hubiéramos visto por última vez. Sí, aun seguimos en ello. De hecho, creo que voy a tener que hacer una pausa porque ya le estoy viendo llegar por la ventana…

*****

No sabía que tenía un amigo tan cotilla…
Le ha abierto la puerta mi madre y en cuanto ha visto el diario sobre la mesa lo primero en decirme ha sido:

- ¿Has escrito? ¡Déjame leerlo!
- ¡Oye! Es personal
- Venga ya… te lo he regalado yo, tengo derechos de autor.
- De eso nada, no lo vas a leer y punto.

Hemos estado peleando un rato porque me lo quería apartar de las manos. Menos mal que he sido cauta y lo he candado a tiempo y él no sabe que la llave la he tenido guardada en el bolsillo trasero del pantalón… Ya ha podido buscar y revolverme el cuarto, ya, que no ha aparecido por ninguna parte. Encima, se cabrea. Pero da igual, le conozco, y no dura enfadado ni cinco minutos. ¿Lo ves? Ya me está llamando…

*****

Qué rico…
Si es que es un cacho de pan. Si no me ha pedido perdón veinte veces, no lo ha hecho ninguna. Y encima dice que para compensar, mañana me dará una sorpresa. Este chico me asusta… ¿de qué se tratará?

¿Sabes? Pese a tener solo once años, y ser consciente de que me queda mucho camino por recorrer y muchas cosas que aprender, creo que me estoy adelantando y estoy comenzando a saber con mayor medida lo que significa la palabra “Amor”. Y no, no me refiero a la clase de amor que le tengo por ejemplo a mi madre, o a mi hermano pequeño, o a mi abuela. Ni siquiera al amor de amistad que tengo con cualquier otra amiga o compañero de clase. Me refiero al amor en el sentido de estar enamorada.

Quizás es pronto para afirmarlo… y por supuesto esto quedará aquí grabado, solo aquí.
Pero cuando estoy con él soy feliz, me divierto, me hace reír – pese a lo malos que son sus chistes -, jugamos a cosas locas… No sé.

Tal vez solo sea una impresión. ¡Qué diablos…! Odio decirlo, pero aun soy una niña. Tal vez solo se trate de una confusión, debe ser que pasamos demasiado tiempo juntos y eso me está haciendo creer algo que realmente no es.

Vaya, ya está mi madre gritando para que baje a cenar… Será mejor que vaya antes de que se me haga más tarde, ¡qué horas!

P.S. Me ha venido bien desahogarme un rato. Al final voy a acabar aficionándome a esto de escribir diarios…

Arancha.